viernes, 8 de agosto de 2008

Un comienzo muy olimpico


Hola mi vida:
Cómo quisiera decirte cuanto te amo, cuanto significas para mí, cuanto te esperé y cuan feliz me hizo tu llegada, a esta vida mía tan plagada de tanto y de todo, de sabores, sinsabores, de dulce y de amargo, de miel y de hiel, de penas y glorias, triunfos y fracasos, y de un perpetuo volver a empezar, por necesidad las más de las veces, por obligación y siempre con gusto, por todo lo que implica moverse, reiniciar, reinventarse y volver a comenzar una y otra y otra vez, las que se requieran hasta llegar o hacer llegar lo que uno quiere, lo que uno desea, lo que uno necesita; así llegaste tú; porque tenías que llegar, porque se te buscó, porque se te espero con ansias locas, porque se te necesitaba, porque significabas y significas la culminación de una larga, muy larga y penosa espera de tu mamá y mía, de consolidar por fin un proyecto familiar que nunca se dio ni en ella ni en mi, ni en mi ni en ella; la posibilidad de tener un compañer@ del calibre que tu te merecías, del tamaño físico, mental y espiritual que requería la procreación de un ser tan especial y singular como tu; y que se requería por y para representar todo lo que finalmente eres; la amalgama de orígenes, culturas, tradiciones, educaciones y aprendizajes, experiencias y vivencias, herencias genéticas, gastronómicas y vivenciales de todo tipo, para finalmente después de 45 años en mí y 41 en mamá, llegaras tu, ya grandes verdad?, si, de edad pero también de amor, de experiencias y de deseos de ayudarte a crecer como no lo pudimos hacer con tus hermanos, juntos, unidos, amándonos, respetándonos y viviendo hoy solo por ti y para ti.

No hay comentarios: